Un Equilibrio Fundamental

La salud mental es una condición de la vida psicológica y emocional que da cuenta de un estado de bienestar, satisfacción con la vida y una sensación de tener una vida de calidad o calidad de vida.

1 de cada 4 niños o adolescentes tiene una condición psicopatológica, y una cifra cercana al 40 % presenta compromiso de su salud mental en algún aspecto. Estas cifras se elevan significativamente en la adultez, asociado a las responsabilidades, los dolores que se experimentan a lo largo de la trayectoria vital, alcanzando en Chile cifras epidémicas, expresada en altas tasas de depresión, cuadros ansiosos, intentos de suicidio, conducta criminal, femicidios, consumo de drogas, etc. Una condición psicopatológica o trastorno psiquiátrico no necesariamente determina un bajo nivel de salud mental. En todo caso, un cuadro clínico bien tratado en una personalidad con creatividad, apertura y capacidad de amar, podrá alcanzar un buen nivel de salud mental a pesar de ser o haber sido un trastorno psiquiátrico.

La salud mental depende de 4 factores determinantes.

  1. Por un lado, tiene que ver con el nivel de satisfacción de las necesidades psicosociales: tener logros, realizar las metas, pertenecer a un grupo y sentirse apreciado y valorado, sentir libertad, seguridad y disfrutar en los distintos entornos de la vida. En este nivel, las condiciones laborales, las condiciones socioeconómicas, los entornos en que se vive, etc, pueden afectar la satisfacción de estas necesidades.
  2. Además, la salud mental está determinada por el funcionamiento en las habilidades socioemocionales que tenga la persona: su capacidad de autogestión, la auto-regulación emocional, la conciencia de sí mismo, la empatía social, las habilidades sociales y la capacidad de tomar decisiones de manera responsable. Las incompetencias socioemocionales determinan un deterioro de la salud mental, por ejemplo, fallas en la autogestión impide alcanzar logros que aporten reconocimiento, déficits en autoregulación determinan desajustes en intercambio emocional con las personas, fallas en la empatía social determinan empobrecimiento en las relaciones, etc.
  3. El nivel de apoyo social es determinante para la salud mental. Poseer un vínculo familiares afectuosos, contar con amigos, compañeros de trabajo colaboradores, relacionarse en entornos cooperativos, jefes que promueven fortalezas y comprenden a los colaboradores en sus conflictos, necesidades o limitaciones, todos son redes de apoyo psicosocial que al determinan una mejor salud mental si la persona cuenta con ellas.
  4. Por último, la personalidad o los rasgos de carácter también inciden de manera determinante en la calidad de vida y la salud mental. Por ejemplo, personas con rasgos ansiosos se atormentan fácilmente con problemas pequeños, la obsesividad y rigidez dificulta aceptar cambios, al igual que el perfeccionismo impide ver el lado bueno de las cosas. Personalidades evitativas se restan de experiencias fundamentales, así como personalidades con rasgos narcisistas no logran acceder a la profundidad del amor.

Se puede concluir que la salud mental resulta ser una variable dependiente de condiciones que pueden actuar como factores protectores o de riesgo en términos de calidad de vida y bienestar emocional y social.  

Desarrollar habilidades emocionales y sociales representa una clara medida preventiva y protectora de una salud mental positiva. Las habilidades socioemocionales se pueden aprender, perfeccionar, permitiendo a la persona funcionar de manera más eficiente, consciente,         responsable o acertada en sus actitudes y mecanismos de adaptación en su entorno relacional y afectivo. Ciertas aptitudes personales tales como la resiliencia permiten a las personas sortear de mejor manera las dificultades de la vida y conservar condiciones aceptables de salud mental positiva incluso en medio del dolor.

Un enfoque ecológico desde el punto de vista humano, aplicado a contextos laborales, permite entender que el bienestar social y emocional, acompañado de un constante aprendizaje de habilidades emocionales y sociales, permite entornos humanos basados en la confianza, en la empatía, con altos niveles de identificación con la institución, lo cual redunda en una identidad institucional sólida y un compromiso con los objetivos, la misión de la empresa, potenciando el proceso institucional hacia el logro de la visión que la inspira.

La formación en habilidades emocionales y sociales, la promoción del bienestar y la salud mental al interior de la empresa, el apoyo a los colaboradores para su crecimiento y desarrollo personal, el desarrollo de contextos que promuevan la interdependencia positiva y la cooperación, son políticas institucionales que representan  una inversión,  que tendrá retornos incalculables en términos de valor intangible: reputación institucional, compromiso, valoración de la empresa y desarrollo de la marca. Hoy, dado el estado de la salud mental en la vida actual, es necesario un cambio de paradigma: las empresa psicosocialmente responsivas, que coloquen la promoción de la satisfacción de las necesidades socioemocionales como prioridad de la dinámica de la compañía, podrán fortalecerse, perdurar y realizar un verdadero aporte, porque cualquiera sea su actividad, productos o servicios, reflejará en ellos un sello distintivo, un genuino interés y compromiso con el bienestar de los colaboradores.

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